
O vestidos-camiseta o camisetas que uso de vestidos... eche o mesmo. Pero sí, el número es correcto, exactamente veinticuatro (si es que no me he dejado alguno abandonado en un rincón). Muchos de ellos, más de la mitad incluso, no han llegado a las famosas y olvidadas mil pesetas, pero.... ¿y qué? ¿Para qué? El consumismo puro y duro metido en un armario.
Alguien dijo una vez que no es pobre quien menos tiene, sino quien más desea, pero... ¿por qué deseamos? ¿Qué mecanismo es el que hace que miremos con ojos de deseo ciertas cosas? ¿Qué es lo que esperamos obtener realmente con esos deseos? ¿Qué vacío queremos llenar?

La madera de mi armario tiembla ante la llegada de una nueva época de descuentos, saldos y rebajas, mientras yo intento averiguar qué carallo tengo metido en la cabeza, qué fuerza irrefrenable hace que sucumba a los placeres capital-consumistas y qué es lo que realmente quiero llenar, a parte de mi armario.
Alguien dijo una vez que no es pobre quien menos tiene, sino quien más desea, pero... ¿por qué deseamos? ¿Qué mecanismo es el que hace que miremos con ojos de deseo ciertas cosas? ¿Qué es lo que esperamos obtener realmente con esos deseos? ¿Qué vacío queremos llenar?

La madera de mi armario tiembla ante la llegada de una nueva época de descuentos, saldos y rebajas, mientras yo intento averiguar qué carallo tengo metido en la cabeza, qué fuerza irrefrenable hace que sucumba a los placeres capital-consumistas y qué es lo que realmente quiero llenar, a parte de mi armario.

